6 de febrero de 2011

Gaviotas

El viernes por la noche fui gaviota durante unos minutos. Desde entonces me he acordado de las palabras que decía mi abuelo: "Gaviota en el huerto, tormenta en el puerto".

Le he dado vueltas y vueltas. No puedo quitarme de la cabeza la idea de ser yo por una vez la persona que haga a otra huir del puerto tierra adentro; la tormenta que arrastre hacia el huerto. Y a la vez ser quien reciba en calma; ser el huerto que acoja.

"¿A dónde te marchas, canción de la brisa,
tan rápida, tan detenida,
disparo en la sien y metralla en la risa,
gaviota que pasa y se lleva la vida?"

Ser tormenta y huerto.

18 de enero de 2011

Cuadro sin firmar

La chica que baila lo único que quiere es otra forma de sentir: unos lazos que estén cerca del amor, unas golosinas que le enseñen que hay 1000 maneras de derrotar a un hombre. Echa de menos momentos de biografía, dibujos animados que le traen dos mil recuerdos y piensa que ahora todo es desorden. Pasa por debajo del puente con gente sola en la oscuridad en busca de siete puertas que les lleven a una bahía en donde la lluvia nunca vuelve hacia arriba. Se pregunta por ti, Moreno. Sueña con oír: "Mujer que no tendré, contamíname de deseo".

27 de octubre de 2010

Autodefiniendo

Carruseles planos,
naves ilesas,
ocas solitarias,
aires de floristerías,
milésimas de eco,
y el caso de un enano nipón que quería ser pianista.


(Palabras sacadas del autodefinido de un periódico local del domingo.)

4 de octubre de 2010

Mis tres mierdas

Esta noche he sido de las personas que tropiezan tres veces con la misma piedra. Sin embargo, he tenido una suerte tremenda porque eran tres mierdas.

Suerte porque, aparte del dicho, para llevar sandalias, no rebosó nada por los lados gracias a que la consistencia era más bien de "rigor mierdis". No quiero entrar en detalles, pero me alegro de no traer ni aromas ni regalos a casa, algo que es de agradecer a no sé muy bien quién.

Cuando la pisé la segunda vez, pensé: "me tendré que fijar un poco más". Pero cuando pasó una tercera, no pude llegar a la conclusión de que mañana será un gran día.

Y con esa ilusión de mierda, me he metido en la cama.

14 de agosto de 2010

Yo echo, tú echas, él echa...

Y tanto echar, que ahora no sé si te echo de menos o echo de menos echarte de menos...

3 de mayo de 2010

Haya paz

Bajé de la azotea. Estaba todo a oscuras. No sabía muy de dónde venía aquel ruido. Muy débil. Metálico. Recorrí todos los cuartos hasta llegar a la cocina. Empecé a oír un poco más de barullo. No tardé en darme cuenta de que mi madre se había dejado el fuego chico encendido. Las lentejas se estaban pegando.

12 de abril de 2010

Ruidos

Otra noche en blanco. Mientras espero a que la maravilla de la farmacología haga su efecto, recordé que una vez me puse a pensar en olores con la intención de dormirme. ¿Y si hago lo mismo con los sonidos? Será porque ahora mismo lo único que escucho es el reloj de la sala...

Y la banda sonora ruidosa de mi vida es:

Caru raspándose las uñas en el suelo de la azotea. Las campanadas y el tic tac continuo del reloj de la sala. La radio al despertar mamá. El ruido del cepillo cuando baldean la azotea. El saludo de cuando alguien abre la puerta del zaguán. Los resoplidos del vecino en el patio cuando pone una lavadora. Los frenos de las guaguas. Amarillo, amarillento. La aspiradora del año del pum. La campana que sabes que está encendida por la paz que hay cuando la apagas. El reguetón de los vecinos. Mis ronquidos. El pitido molesto que se pone a veces en la nariz. Las llaves encima de la mesa. Las puertas de la zapatera. El sexo. Las chapas de botellines. El matraquilleo del boli cuando hago pasatiempos. El ruido que hace Cristina cuando bosteza. La megafonía de los trenes. La sinfonía del nuevo mundo de Dvorak con la flauta. Mi risa escandalosa. El timbre de verdad. El pitido del microondas. Las planchas de la azotea con el viento. El walkman cuando se quedaba sin pilas. Los botes de especias chocando dentro del tupper. El Musso de Antonio cuando arrancaba. Movie Records. Las roscas en el caldero rojo viejísimo. La sirena de los bomberos...

Y muchos más...